Tiempo, paciencia y amor: lo necesario para hacer crecer un proyecto y también una historia de dos. Probar, equivocarse y volver a intentar, pero sobre todas las cosas, ganas de progresar. Oriana Barrera (25) y Roberto Barraza (28) se conocieron en la secundaria y transformaron ese deseo en Angelic Girl Shop, un emprendimiento de moda upcycling que hoy vende a distintos puntos del mundo.

“Siempre estuvimos un poco locos. Empezamos a emprender porque queríamos vivir juntos”, recuerda Oriana. Antes de imaginar una marca, comenzaron con lo que tenían a mano: mercadería, perfumes, maquillaje. “Le vendíamos a nuestros compañeros del colegio, a profesoras, a quien se pudiera”, cuenta.

EMPRENDER EN PAREJA. En tiempos de amores fugaces, la historia de Oriana y Roberto recuerda que hay vínculos que se cosen con paciencia. / CORTESÍA ORIANA BARRERA

De vender en el colegio a imaginar una tienda

Se conocieron en la Escuela Secundaria Agrotécnica Mariano Ramos, en La Ramada. En 2015 se pusieron de novios y en 2018 ya vivían juntos en Alderetes. El emprendimiento creció en paralelo a la relación. “Ni sabíamos coser; nunca pensamos que íbamos a terminar haciendo ropa. Mucho menos diseñando”, dice Oriana.

Primero vendían prendas usadas, de ellos y de sus familiares; después comenzó la reventa. Hasta que algo empezó a incomodar. “Estábamos cansados de ver siempre lo mismo. Queríamos vender ropa distinta, algo que no estuviera en todos lados”, recuerda él. En 2020 decidieron apostar por una estética más arriesgada y empezar a experimentar con la moda.

El salto al upcycling no vino de una formación previa. “Yo apenas sabía enhebrar la máquina”, admite Oriana. Las primeras herramientas fueron máquinas familiares y mucha intuición. Roberto empezó a cortar pantalones; las primeras polleras no se vendieron. “Eran de práctica. Después, cuando agarré más mano, empezaron a salir lindas”, cuenta.

En ese camino apareció también la decisión de producir sin seguir la lógica de la moda rápida. “Reutilizar telas, transformar prendas y darles una segunda vida nos hace sentir que no estamos aportando a la contaminación”, explica Roberto. Cada pieza se arma a partir de lo que ya existe, en series pequeñas y sin sobreproducción, con la idea de crear ropa única y, al mismo tiempo, cuidar el planeta.

TRABAJO EN CONJUNTO. Uno de sus diseños más recientes, botas customizadas para San Valentín. / CORTESÍA ORIANA BARRERA

Sus primeros éxitos

Las primeras prendas propias se agotaban apenas se publicaban. Uno de sus primeros grandes logros fue un conjunto viral de mangas y corset que agotó stock en varias versiones de jean y color. La repercusión les abrió puertas y también desafíos: varias de sus ideas fueron copias en plataformas de fast fashion como Aliexpress. “Nos dolió ver nuestros diseños replicados sin crédito, pero nos hizo más fuertes”, dice Oriana. Hoy incursionan en botas customizadas y piezas únicas, ampliando su mirada del diseño.

Reciben pedidos de México, España, Estados Unidos y Asia. Uno de los momentos más impactantes fue cuando Sorn, cantante de K-pop, compró una de sus prendas sin contacto previo. “No nos pidió nada. La compró porque le gustó. Eso fue un montón”, dicen. Pero si hay algo que realmente los conmueve no es la fama, sino el ida y vuelta con quienes usan sus diseños. “Cuando una clienta te escribe y te dice ‘me lo puse para salir y todos me preguntaron de dónde es’, eso te alegra el día. Pensar que se sintió linda con algo que hiciste vos, es un orgullo enorme”, confiesa Oriana.

Trabajar con quien amás

Emprender en pareja tiene sus reglas propias. Ellos lo saben bien. “Lo más lindo es compartir el tiempo. Tenemos el mismo ritmo, cansancio y descanso”, dice Oriana. Roberto coincide: “Aprendimos a tener paciencia y a respetar los gustos del otro. Después de varias horas, hasta la música en el taller se negocia”.

Los roles se reparten de forma natural: él se encarga de la costura; ella de los detalles, remaches y terminaciones. El diseño se piensa entre los dos. “A veces se me ocurre algo sobre la marcha, pero cuando es un diseño puntual, lo planificamos los dos”, explica Roberto. “Nos mandamos macanas juntos y las resolvemos juntos”, resume. “Hay días en los que ya no sentís la espalda o las piernas. Cuando algo no sale, apagamos todo, descansamos un rato y volvemos. Ahí aparece una idea nueva”, dice Oriana.

A futuro, se imaginan con un taller separado, un local en el centro de San Miguel de Tucumán, viajes compartidos y una vida familiar tranquila. “Somos una familia, aunque no tengamos hijos todavía, tenemos nuestros animales y nuestro proyecto”, dice Oriana.

El consejo que repiten para otras parejas jóvenes es simple y honesto: animarse, probar, no bajar los brazos. “No se puede emprender por emprender. Tenés que encontrar lo que te gusta de verdad”, dice Oriana. “Cuando encontrás eso, el proyecto empieza a florecer”, agrega Roberto. En un tiempo donde todo parece urgente, ellos eligieron construir despacio. Amor, trabajo y futuro, cosidos con la misma paciencia. Puntada a puntada.